Historias del Silencio

En un mundo donde el silencio busca con ansias su voz de libertad, encuentra una canoa para atravesar las olas de la contrariedad. En algún momento, quizás en las eternidades, el silencio conoce el espacio entre dos momentos, entre un presente y el otro; entre malabares con el pasado y tiros al arco con el futuro, siempre viendo como los opuestos generan olas en la calma del océano de la nada. 

Entre pasos sin rumbos y miradas sin emociones; sonrisas inocentes revelando la infancia en un mundo perdido por las superficialidades que ofrece los espejos negros; cabezas rodando entre el aquí y el ahora, y otras entre el ayer y el mañana… De repente, el viento deja de cantar y la noche espera con ansias el sonido de las sirenas y las cornetas de los sufridos por los vaivenes de los ruidos decorosos de un mundo en el abismo de la contradicción. Y es justamente esto lo que el viento relata, pues son los tiempos en las historias del silencio. 

Las noches se acumulan, al mismo tiempo que los días, donde los abrumadores ruidos encierran el silencio en una existencia utópica para aquellos seres que lo promulgan en ideas como flores inexistentes, mientras que el arte de vivirlo queda relegado detrás de las eternas voluntades del Olimpo, mas no de la naturaleza. 

No creo que el silencio pueda tener una historia. Un cuento donde el presente se vea como un sujeto o como un objeto en su misma narración. ¿Cuándo nació él? Se pregunta en vano el pensamiento a cada búsqueda incesante del espacio entre las palabras; entre el vacío del precipicio y el esfuerzo de ignorar el ruido que propone el cosmos. ¿Por qué entonces buscamos sin cesar el silencio en el ruido? A lo mejor el aburrimiento de existir en un vacío lleva al Olimpo a las eternas odiseas por encontrar el silencio: leyendas se han creado contando hazañas de héroes que en algún pasaje de la antigüedad libraron batallas con los ejércitos del ruido; imágenes han nacido en nombre de lo innombrable encerrando las pupilas en verdades absolutas sin poderlas comprobar con los sentidos; monumentos se han elevado entre las montañas en honor a algo que, de pronto, no tiene ninguna existencia. En fin, las historias del silencio han grabado millares de hojas – si esta es una más, no será por la locura de pretender contar otra, mas por revelar con mucho entusiasmo que no se puede narrar una -.   

Son las horas del gallo y el silencio no se ha apoderado todavía de su triunfo sobre el cosmos. El intento por entender el aburrimiento del Olimpo y rellenarlo con el pasar del índice en los tiempos modernos, donde el silencio es tan superficial como los ojos deseosos de Andrómeda. En cambio, una curiosidad nace entre el flujo masivo de fotones que llegan a la retina y las pupilas se dilatan con la cinética de la belleza del caos, los vacíos logran apoderarse de los sonidos superficiales y los latidos de lo que está vivo se siente en las profundidades de la nada.  

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