El sol y el mar

En el universo habitan dos mundos cuyas existencias se encuentran sincronizadas dentro del paralelo cósmico del tiempo. Estas dos mágicas substancias han estado viajando dentro de cosmologías diferentes, encontrando planetas, estrellas, galaxias; montañas, desiertos, bosques, mares. En cada uno de estos recorridos, los dos mundos se sienten en un silencio donde el vacío se revela gracias al observar de la pupila dilatada en la nada de colores blancos y negros. Contemplando las eternidades que los horizontes reflejan a estos dos seres en libertad.    

El mundo del sol, por un lado, es la alegría de ver el bailar de las estrellas a su alrededor; es la alegría de sentir el pasar de las estrellas fugaces con sus colores fosforescentes en tonalidades azules y naranjas, con un poco de chispas doradas, adornando la gran fiesta del universo. Los planetas a su alrededor le brindan la tranquilidad de su existencia, pues ellos transmiten mágicamente la hermosa energía de la hermandad y del cariño incondicional. 

En cuanto al mundo del mar, algunos dicen que es un mundo mágico y misterioso. En él habitan una naturaleza salvaje donde los seres mortales la recorren en cierta harmonía suave; sus olas cantan a las nubes para que estas se evaporen y así, atraer con su humilde gravedad la fiesta del cosmos, despertando el todo con sonidos fluidos y con ciertos movimientos suaves, bailando con el sol la música del universo.   

El sol y el mar se van encontrando paso a paso en este arte de la existencia. Son encuentros algo suaves, donde en las albas de los días los rayos iluminan el gran globo, acariciando cariñosamente el manto azul y verdoso, haciendo que estos brillen en la simple sobriedad de sus existencias. El sol, por un lado, siempre opta por los silencios cósmicos, acompañando al viento a llevar sus largos destellos dorados e invisibles a que acaricien al mar en su fluido movimiento ondulado. Si bien existe la tal serenidad universal, el mar, en su gran fluidez, traduce esta calma en olas de poesía mágicas metamórficas, contando la historia del amor de la vida a la arena, las piedras; los peces, las ballenas, los corales radiantes en múltiples colores; a los viajeros curiosos por su majestuosa historia eterna; al silencio del sol para que él acoja esta verdad poética. 

– “El camino de la noche, bajo la luna, reflejando tu amor, mis olas rompen delicadamente contra las rocas, cantando a las caricias de tus rayos dorados que posan sobre esta piel azulosa y armoniosa en su sentir caluroso proveniente de tus destellos omnipresentes. Es el anhelo de mis vastas entrañas las que gozan, en cada despertar oceánico, tu solemne llegada para vivir juntos otra vez el calor de esta infinita pasión” –. Así, el mar en su presencia recorre los abismos de la aventura, preparándose cariñosamente para el abrazo de su gran amor, el sol; recargando su gran energía desde el magma volcánico de su corazón. – “Ahí viene ese silencio que solo estas aguas pueden escuchar; ahí viene ese gran abrazo que transmite el amor poético de estas olas; ahí viene y aquí recibo o aquí me abro para ser penetrado en la abundancia de la tranquilidad proveniente de tus rayos alquímicos” –. 

Al sentir esta mágica irradiación fotovoltaica, el sol y el mar se unen en un éxtasis de ardor. Bailando al compás de los vientos que viajan en sus cuatro puntos cardinales, y de aquí hacia el infinito; concibiendo un abrazo donde el tiempo observa lentamente como estos dos seres se van fusionando entre el calor y el frío; percibiendo una fuerza que los deja sumergidos en la belleza de la vulnerabilidad. Una danza donde las olas y los rayos solares se transmuten, volviéndose un solo ser, una sola existencia. – “En la línea del horizonte, los azules del abismo y de la profundidad, se vuelven una sola eternidad gracias a la presencia de mi amado sol justo cuando él se posa en la mitad de mi circunferencia. Es aquí donde la nada del amor toma su presencia universal. Es aquí donde todo lo que tiene vida se posa frente a la presencia mágica del sol amado; es aquí donde la contemplación y la admiración nacen en libertad” –. 

En el nacimiento de la luna, el sol se transforma en fuego ardiente. Una llama que el mar la convierte en olas orgásmicas, haciendo que la poesía pasional estalle en divinidad, cantando los himnos del amor místico entre el sol y el mar. 

– “En el silencio de los mundos, tus rayos llegan a mi 
Despertando en olas gigantescas, gemidos de pasión;
Tu calor cósmico fluye dentro de mis corrientes oceánicas; 
El canto de cada ola es una expresión de tu silencio. 
En el mirar de los espejos, los mundos se ven por primera vez 
en el tocar de los cuerpos, el sol y el mar se unen por primera vez” –. 

La historia del sol y del mar es una simple historia de amor que nace desde la naturaleza. Es por esto que los silencios cósmicos del sol despiertan en el mar los cantos de poesía alquimista. Mientras que el mar despierta en el sol la contemplación y la danza de su existencia. Por ende, el mar y el sol se susurran en cada encuentro, en cada mirada, en cada abrazo, en cada beso, en cada viento, una sola verdad: el amor en libertad. 

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